Un día redondo entre paisajes, brasas y camper Nos levantamos temprano, con esa ilusión que solo dan los días de escapada. Desayunamos unos churros recién hechos y un bocadillo de pata en La Pata Caliente, el combustible perfecto para arrancar la aventura.
Toco llenar el deposito con 42€ de diesel que olia a felicidad.
Con la nevera ya cargada —comida para el asadero y refrescos bien fríos— pusimos rumbo a Los Llanos de Ana López. El trayecto fue rápido y cómodo: apenas 40 minutos de carretera hasta llegar a nuestro destino. Llegamos temprano, lo justo para elegir una buena barbacoa y tomar posición. Una vez instalados, nos dimos una buena vuelta para empaparnos del entorno y sacar fotos de todos esos paisajes que invitan a parar el tiempo. Hay que decir que los aseos estaban en muy buen estado y sobre todo limpios. Para encender el fuego usamos piñas que encontramos por la zona y un poco de madera. En nada teníamos una brasa perfecta, lista para disfrutar del festín como se merece. Barriga llena, corazón contento… y cómo no, tocó una siestita en la camper. ¡Madre mía qué gustito! Dentro se estaba de lujo, mientras que fuera el termómetro marcaba apenas 9 grados. Después de otra vuelta tranquila por el lugar, tocó recoger y poner rumbo de nuevo a casa. Volvimos felices y contentos, con la sensación de haber aprovechado el día al máximo y de esos recuerdos que hacen grande cualquier escapada.
Un día redondo entre paisajes, brasas y camper Nos levantamos temprano, con esa ilusión que solo dan los días de escapada. Desayunamos unos churros recién hechos y un bocadillo de pata en La Pata Caliente, el combustible perfecto para arrancar la aventura. Toco llenar el deposito con 42€ de diesel que olia a felicidad. Con la nevera ya cargada —comida para el asadero y refrescos bien fríos— pusimos rumbo a Los Llanos de Ana López. El trayecto fue rápido y cómodo: apenas 40 minutos de carretera hasta llegar a nuestro destino. Llegamos temprano, lo justo para elegir una buena barbacoa y tomar posición. Una vez instalados, nos dimos una buena vuelta para empaparnos del entorno y sacar fotos de todos esos paisajes que invitan a parar el tiempo. Hay que decir que los aseos estaban en muy buen estado y sobre todo limpios. Para encender el fuego usamos piñas que encontramos por la zona y un poco de madera. En nada teníamos una brasa perfecta, lista para disfrutar del festín como se merece. Barriga llena, corazón contento… y cómo no, tocó una siestita en la camper. ¡Madre mía qué gustito! Dentro se estaba de lujo, mientras que fuera el termómetro marcaba apenas 9 grados. Después de otra vuelta tranquila por el lugar, tocó recoger y poner rumbo de nuevo a casa. Volvimos felices y contentos, con la sensación de haber aprovechado el día al máximo y de esos recuerdos que hacen grande cualquier escapada. #VidaCamper#EscapadaRural#lacabroneta#NaturalezaYAsado#ViajarSinPrisa